EL APAGÓN EN LA CAMA ES ¡FALSO! (Parte 2)

BAJANDO DEL PEDESTAL AL TERMINO

Lesbian bed death (apagón en la cama) es un poderoso y destructivo término, su crecimiento se ha basado en malinterpretaciones en las investigaciones, entendimiento simplista de las diferencias de género y prejuicios internalizados a nivel cultural acerca de las mujeres y de las lesbianas. El término es peyorativo y patologizante, funestamente inadecuado para comunicar la complejidad de las relaciones sexuales en las parejas lesbianas. Tomar como blanco la sexualidad de la mujer lesbiana de este modo es otro ejemplo de misoginia enmascarada como objetividad clínica, donde definiciones masculinas de sexualidad son usadas como marcas de calidad de la salud sexual.

Los efectos de usar este término son similares a los del uso del término amalgamarse (merging), que la terapistas lesbianas de familia Joann Krestan y Claudia Bepko hicieron famoso y publicitaron como la mayor condición lesbiana en los 80's después de que fue criticado y analizado por otras terapistas lesbianas. Es muy interesante como habiendo salido del problema de amalgamiento, ahora tenemos el problema del apagón en la cama. ¿Es que tenemos problemas con no tener ningún problema?.

El problema puede ser que las lesbianas permitimos a nuestra homofobia y sexofobia internalizada gobernar el modo en que vemos nuestras vidas sexuales. ¿Es autónomo el sexo lésbico o solo trata de adaptarse a los modelos patriarcales en orden de no ser blanco de críticas?. Irónicamente mientras los gays varones cargan con el mito de la promiscuidad, nosotras cargamos con el mito de ser las menos activas sexualmente; los dos extremos de estereotipo sexual masculino y femenino representan una agresión sin identificar al agresor. El mensaje cultural que se lee entre líneas es "las relaciones gays y lesbianas son enfermas, no tienen el balance sexual de las relaciones heterosexuales", una visión heterosexista que cree que afirma que las parejas deben ser hetero para lograr una estabilidad en la relación.

Es hora de bajar del pedestal al termino. Una mujer usó en un trabajo reciente una simple explicación para sustituir este termino: “Los inevitables cambios que se dan a nivel sexual en una relación a largo plazo”. Exactamente, no hay peligro en explicar con términos simples procesos complejos.



LO QUE REALMENTE DEMUESTRAN LAS INVESTIGACIONES


Una cuidadosa lectura del estudio de Blumstein and Schwartz, así como de otros estudios, provee una pequeña evidencia que la actividad sexual lesbiana es menos activa o menos plenas que el sexo gay o heterosexual. Un aspecto crucial aquí es cuales fueron las preguntas y que significan realmente las respuestas. El difamante concepto de Blumstein and Schwartz de que las parejas lesbianas tienen menos sexo está basada en las respuestas a una pregunta: "¿Cuan a menudo ha mantenido relaciones sexuales con su pareja a lo largo del último año?". Para una pareja lesbiana es problemático responder "cuantas veces" porque la sexualidad entre mujeres no está condicionada ni definida por un acto estrictamente genital tal y como se entiende cuando un pene está presente. Esta pregunta es un ejemplo de cómo las investigaciones se basan en conceptos masculinos de sexualidad, y que estas no representan las experiencias sexuales de las mujeres. Unos años después de que American Couples fuera publicado, la feminista lesbiana Marilyn Frye cuestionaba la validez de las investigaciones sexuales como las de Blumstein and Schwartz que comparan el número e veces que una pareja "tiene sexo". Ella afirma que "un 85 % de las parejas heterosexuales casadas desde hace mucho tiempo tienen sexo una vez al mes y toman en promedio 8 minutos para el acto, en tanto que nosotras (lesbianas) lo hacemos, en promedio, mucho menos frecuentemente, pero también en promedio nos tomamos mas de 8 minutos para cada encuentro.....quizás tomamos unos 30 minutos por lo menos".

Fyre toca un punto que es verificado por investigadores sexuales muy conocidos como Virginia Masters and William Johnson, que en su investigación llevada a cabo en el año 1979 compraron parejas lesbianas, gays y heterosexuales. Ellos encontraron que las parejas heterosexuales se orientan mas al rendimiento y muy obsesionadas con el orgasmo. Las parejas lesbianas tomaban más tiempo para el sexo, con mucha atención a los preliminares como el contacto de todo el cuerpo, besos, abrazos, caricias previas a que un contacto con los senos o genital fuera realizado. En una pareja heterosexual rara vez se tomaban más de 30 segundos en abrazarse o acariciarse el cuerpo antes de que los senos o los genitales fueran directamente estimulados.

Es seguro decir que si las investigaciones se enfocaran en la duración en lugar de en el número de actos sexuales, las lesbianas serán las ganadoras. Las lesbianas son las ganadoras también en otros aspectos. Ellas fueron encontradas como más asertivas sexualmente, con una mayor facilidad para comunicar verbalmente o no verbalmente sus necesidades sexuales, deseos o placer, y declararon estar más satisfechas con sus vidas sexuales que las mujeres heterosexuales. Esta investigación del año 1979 Homosexuality in Perspective by Virginia Masters and William Jobmon es compatible con un artículo del año 1983 publicado en el Journal of Sex Research, "Arousability and Sexual Satisfaction in Lesbian and Heterosexual Women," by E.M. Coleman, P.W. Hoon and E.F. Hoon. También se compatibilizan con otros estudios tales como "Sexual Fulfillment of Heterosexual, Bisexual and Lesbian Women," by L.C. Bressler and A.D. Lavender in the 1986 book Historkal, Literary and Erotic Aspects. Algunos estudios anteriores al Reporte Kinsey del año 1953 demuestran que las lesbianas son mas orgásmicas que las mujeres heterosexuales.

Blumstein and Schwartz, en el informe de su investigación, enfatiza las limitaciones en su concepto de sexualidad en términos genitales. En otras entrevistas, ellos aprendieron que las parejas lesbianas aprecian el contacto no genital (tocarse, abrazarse) no solo como un preliminar para llegar al sexo, sino como una forma de relación sexual. Asimismo, ellos encontraron que la mayoría de las parejas que entrevistaron (heterosexuales casados o concubinos, gays y lesbianas) consideran que una reducción en el número de contactos sexuales es normal y lo atribuyeron a falta de tiempo, energía física o haberse acostumbrado uno al otro. La falta de relaciones sexuales afecta el nivel de satisfacción con la relación de todos los entrevistados a excepción de las parejas lesbianas que vivían juntas, cuyo nivel de satisfacción con la relación parece estar asociado a otras cosas y no a la frecuencia con que mantienen relaciones sexuales.

Una breve revisión de las investigaciones sobre sexo revela que las lesbianas promedian bien en los estudios de comparación y también en los estudios psicológicos. En lugar de comprar a las parejas lesbianas con otras y asumir que somos menos, sería mejor que comprendiéramos mejor la sexualidad lésbica y conociéramos más sobre la gran diversidad en deseo y actividad sexual que existe entre mujeres lesbianas.

 

 
 
 
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