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por: Angela F. Michel

Recuerdo con claridad la emoción que me causó la primera escena de contenido lésbico que vi en televisión, por casualidad me detuve en uno de los 4 canales que había antes de la tv cable, algo llamó mi atención en esa escena, donde K... tocaba un piano para S....S.... quien la escuchaba atenta desde el otro lado de la sala, mientras a sorbos cortos bebía una copa de vino. Hasta ahora recuerdo con claridad ese diálogo:

•  De que trata esta melodía? – preguntaba SS

•  Cuenta la historia de dos mujeres, una ama y su criada y un paseo por el campo –

•  Entonces es una historia sobre ...– y es interrumpida por K

•  Una historia de amor -

Esa última frase estalló en mis oídos, mientras mi corazón se aceleraba, luego K.. se pone de pie y camina hacia SS, esta derrama “accidentalmente” el contenido de su copa, ya saben dónde? claro en su escote, K trata de limpiar con sus largos dedos la roja mancha de su camisa. Para ese entonces yo había bajado el volumen al límite de lo audible y tenía el control listo para cambiar el canal en cuanto entrara alguien, sentía que mi corazón se mudó hacia mis oídos, pero me entregaba a disfrutar de una extraña historia de amor entre estas dos hermosas mujeres, digo extraña porque era una historia vampírica, con inmortales, sangre y cruces egipcias, sin mencionar a K y SS besándose y algo más.

No se exactamente que año era, se que yo era muy joven entonces, y que hasta ese día creí ser la única en el mundo que deseaba que su compañera le limpiara vino del escote a besos, claro en ese tiempo no bebía vino y no tenía escote que mostrar, pero mis sueños estaban llenos de otras chicas.

Ver esa película, me devolvió la certeza de que no estaba sola, esta fue una prueba de la existencia de “otras” como yo, ¿Cómo yo?, ¿Quiénes?, ¿Quién era yo?, ¿Qué nombre tenía esa extraña sensación que me causaban ciertas mujeres?, ¿Estaba bien?, ¿Era normal? Cómo saber si alrededor mío no se podía preguntar, no se hablaba del tema. Hasta esa noche nunca ví nada parecido.

Seguramente nunca voy a olvidar como la escena entre esas dos mujeres me abrió la mente y despertó mi cuerpo, desde ese día busqué por todas partes pistas, pruebas, indicios de la existencia de otras como yo, difícil tarea en un lugar como Sucre, más aun en un medio donde es “normal” que las chicas sean muy físicas entre ellas.

Así continué buscando y creciendo, siempre buscando a alguien como Yo, este Yo que no se parecía a nadie y que no tenia nombre, pero que era tan intenso y auténtico que cuando trataba de se “menos Yo”, para parecerme a ellas (mis amigas) me causaba dolor y me sentía irreal.

Mi búsqueda fue larga y difícil, llena de desencuentros y desilusiones sin embargo ya ven, aquí estoy, el problema es que nos hacemos invisibles, la diferencia se disimula, se finge, se esconde, ahora que tengo ya tantos años, trato de recordar ¿Porqué no hacia las preguntas que rondaban en mi cabeza?, ¿Porqué no hablaba con mi mejor amiga o se lo preguntaba a mi madre?, sé que no era vergüenza, no sentía vergüenza de algo tan propio, era el miedo de ser la única, más que el miedo a ha ser diferente, me detenía el miedo a confirmar que era una especie en extinción o única, la soledad a la que me confinada mi unicidad me hizo ser invisible durante un tiempo de mi vida y luego el mismo, me llevo a buscar y buscar.

El final de la historia ya lo imaginaran, mi búsqueda me llevo a otros lugares donde me encontré con muchas mujeres, que a su modo sentían lo mismo que yo.

Por eso escribo esta historia, para que otras compañeras que están buscando, encuentren. Aquí estamos, somos muchas y muy diversas, somos reales y existimos en todas las ciudades, (aun en Sucre) en cada familia.

Así que ya no se escondan tanto, miren que de seguro del otro lado del planeta o de la cuadra hay chica parecida que las está buscando....

Angela F. Michel

 

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