Ser 'Trans' en Bolivia

Son objeto de burla y menosprecio por parte de una sociedad que les cierra las puertas por su orientación sexual e identidad de género. No exigen privilegios, pero sí piden respeto. La mayoría de los 'trans', especialmente los travestis, no ha terminado la educación secundaria y la falta de oportunidades laborales, en algunos casos, los lleva de manera indirecta a la prostitución.

La sociedad las invisibiliza, las oculta, las rechaza, las ve como unos 'bichos raros' y guarda distancia. Sólo las recuerda para la burla y el chiste fácil. "Tengo cicatrices de risas en mi espalda", decía el escritor chileno Pedro Lemebel al describir esa situación que él mismo había vivido. En contrapartida, ell@s están empeñados en demostrar que lo suyo no atiende ni a cifras ni a razones, porque son como son y nadie puede menguar su pasión ni violentar sus derechos. No piden nada del otro mundo ni privilegios especiales, solamente que se los respete. "Somos parte de la sociedad y aportamos al Estado. No somos la minoría, sino parte de la mayoría", dice Rayza Torriany con la seguridad de una persona que ha ido contra la corriente al asumir su identidad de género: travesti, en una sociedad machista. "Se te empiezan a cerrar todas las puertas: la familia, los amigos, y te vas quedando sola. Cuando logras romper con todo eso, descubres que nada más te puede chocar. Ahora ya no me enojo. Si alguien me ofende, trato de enseñar y sensibilizar a esa persona". El testimonio de Rayza tiene un especial valor, porque lejos de los prejuicios habituales, ella ha logrado destacarse como directora de la Mesa de Trabajo Nacional, que se dedica a apoyar a cuatro poblaciones clave: trabajadoras sexuales, travestis, personas que viven con el VIH/sida y hombres que tienen sexo con otros hombres (HCH).

"¿Por qué un travesti no puede ser doctora o abogada?", pregunta que tiene un tono desafiante en la voz firme de Rayza. "Lamentablemente, nadie te abre las puertas para que lo logres.  Uno no puede pasar de ser peinadora, costurera, cocinera o prostituta. Lo que el mundo sólo ve es 'travesti=sexo', por lo que nosotras tenemos que luchar mucho y 'batírnoslas' contra el abuso hasta de la Policía", explica Rayza. 

Kitty Flores lo sabe muy bien, porque desde adolescente, cuando empezó a darse cuenta de que su cuerpo de hombre no se ajustaba  con su sentir de mujer, el camino se le hizo cuesta arriba. No le quedó otra opción que empezar a trabajar como doméstica en una casa y luego, como tantas otras, conoció la calle. La necesidad la empujó a la prostitución. "Ahí se aprende todo lo bueno y lo malo. Lo más importante es la unidad que se consigue en un grupo", cuenta Kitty, mientras recuerda las primeras reuniones que, por ese entonces, realizaba en su casa la Unión de Travestis Santa Cruz (UTSC), una de las organizaciones más antiguas y de las más numerosas con alrededor de 70 travestis.

El carácter fuerte y directo de  Kitty determinó que la eligieran como la representante de la institución desde mediados de los noventa hasta nuestros días. La conocen como 'Mamá grande', porque siempre está cuando se la necesita, sobre todo cuando se trata de enfermedades, de abusos y de decesos, situaciones casi cotidianas para los travestis, uno de los grupos que forman parte de la colectividad llamada 'trans', que reúne bajo ese nombre no sólo a los travestis, sino también a los transgénero y transexuales. Son parte de la población conocida por las siglas GLBT: gays, lesbianas, bisexuales y, por supuesto, los 'trans'.  Para Rayza, de esa colectividad, son estos últimos los más expuestos a sufrir violencia y discriminación, mientras que Henry Peralta, miembro de la Fundación Igualdad, acota: "Los travestis salen muy jóvenes de casa, dejan los estudios o son expulsados de los colegios por usar cabello largo, pintarse las uñas, maquillarse o tener algún rasgo que llame la atención. No te olvides de que el gay no busca cambiar de género o ser una mujer, como el travesti. Ellos son más evidentes. Por eso tienen que pagar una factura mucho más elevada en la vida". 

Precio que no sólo acarrea el aprender a subsistir de la prostitución con todo lo que ello implica: malos pagos, maltrato de sus ocasionales clientes o contagiarse de enfermedades, que van desde las ITS hasta el sida, sino que también caen atrapados en la drogadicción o la delincuencia. "Yo siempre les digo que aprendan un oficio, porque la mayoría no tiene ningún estudio. Por eso queremos que, a través de la institución, se puedan realizar cursos de cocina, peinado y otros más. Incluso es muy importante el apoyo legal, porque la mayoría no tiene ni certificado de nacimiento", cuenta Kitty, antes de interrumpir la conversación por una llamada telefónica en la que le avisan que está enferma una de 'las chicas' de la UTSC. "Cuando una chica se enferma no aparecen ni sus familiares, y tenemos que organizar kermeses o fiestas para recaudar fondos y ayudarla, porque no tiene ni un peso". Han sido varias, por ejemplo, las que han fallecido y no han tenido dónde sepultarlas, por eso es que uno de los propósitos de la UTSC es comprar un mausoleo donde puedan enterrar los restos de sus afiliadas. 

LA UNIÓN CONTRA LA FUERZA

En Santa Cruz hay dos grandes organizaciones de travestis: la de Kitty es una de las primeras, mientras que la de Clara Flores tiene menos años, aunque comparte el mismo objetivo de velar por sus derechos. Conocida como la Organización de Travestis La Rosa, agrupa a 40 personas que han transformado una casa en el barrio 2 de Agosto no sólo en su punto de encuentro, sino también en un refugio cuando se quedan sin un techo que los cobije. Tras una puerta de metal está el hogar de más de una decena de travestis de diversas edades. Allí, todos los martes se realizan cursos de belleza y de corte y confección, que son impartidos por profesores contratados por Redvihda, institución que apoya algunas de las actividades que efectúa el grupo. La Rosa también organiza la elección de la Miss Santa Cruz Travesti y hace un par de semanas atrás llevó acabo la de la Reina de la Tradición. A través de estos eventos, buscan recaudar fondos que les permitan conseguir una personería jurídica, una manera de que sus actividades tengan un respaldo institucional e iniciar otros proyectos que beneficien aún más a sus integrantes.

Clara tiene 25 años y sabe muy  bien que no es fácil sobrepasar las barreras a las que se enfrentan. Reconoce que lo que más duele es el rechazo familiar, sobre todo de los padres, que en la mayoría de los casos los expulsan de sus hogares. Asegura que la exclusión social  y la falta de opciones las llevan, a la mayor parte de su colectividad, a la prostitución. Ella siguió ese camino, pero la muerte de una de sus amistades la empujó a decidirse salir de ese mundo. "Mi amiga pertenecía al mismo grupo donde yo estaba. Cuando le realizaron los análisis de VIH dieron positivos", cuenta y añade que ahora se dedica a la venta de comida y a las actividades en la organización que ella preside.  Por ejemplo, ya tienen un equipo de voleibol que representará a Santa Cruz en  un campeonato de travestis, que se desarrollará en Cochabamba el próximo mes.

Orgullo. No tienen miedo a mostrarse; ayer, por ejemplo, muchas participaron de la Marcha por el Orgullo Gay

Discriminados Dentro de los Descriminados

Los problemas de discriminación y desventajas para los travestis y transexuales no se limitan a la homofobia social, pues también son discriminados por ciertos sectores del colectivo GLBT, "porque allí no todo es lindo, bonito y articulado. Hay una fuerte división de clases sociales entre los gays y lesbianas, que tienen un alto poder adquisitivo en relación con los de nivel bajo", explica Pablo Vargas, que ha realizado un estudio sobre la situación jurídica legal de la población GLBT en Bolivia por encargo de la Fundación Igualdad y está preparando un libro sobre la  historia del colectivo en el país.

El análisis de Vargas no viene desde una postura marginal, sino desde dentro de la misma colectividad, y  no tiene reparos en hacer críticas, pero propositivas. En su investigación sobre los factores que han influido para que no surgiera un movimiento homosexual articulado en el país, señala como uno de ellos el menosprecio hacia grupos como los travestis. "Es que el tema social pesa muchísimo y va más allá de ser sólo de GLBT. Es una fractura de la sociedad boliviana; para nadie es secreto que es racista y profundamente discriminadora y en términos del colectivo se lo puede ver en situaciones como los boliches. Hay los que son marcadamente para los de clase alta y media, y otros para los de media y baja. Lo mismo ocurre con los lugares de encuentro. Si la plaza 24 de Septiembre era el lugar de reunión para los de clase alta y media; el parque El Arenal era para los de media y baja", detalla el investigador. 

Sin embargo, Vargas ve un cambio que ha empezado a darse en los últimos dos años y que se pudo evidenciar en el último congreso GLBT realizado en el 2007 en Cochabamba, donde vio más señales de unión entre las más de 50 agrupaciones que forman la colectividad. El objetivo del congreso era articular un movimiento nacional con una causa común. Entre los objetivos específicos planteaban reactivar una red nacional, planificar estrategias de visibilización del movimiento, proponer acciones para el fortalecimiento de los grupos locales y emitir un pronunciamiento público sobre la Asamblea Constituyente.

  "Después de más de diez años de tratar de armar una asociación  participativa, que incluya todos los sectores, se lo ha logrado, y eso nos permite avanzar a pasos agigantados en el reconocimiento de nuestros derechos", dice Willmer Galarza, presidente de la GLBT Bolivia.

Cabe indicar que el Primer Encuentro Nacional Trans, que se realizó en la Isla del Sol (lago Titicaca) en diciembre de 2006, fue el antecedente de un mayor reconocimiento de los grupos de travestis y transexuales. El evento fue organizado por la Familia Galán, una agrupación que desde 1997 decidió hacer activismo sin fines de lucro ni apoyarse en una ONG. En ese encuentro participaron 50 representantes de todo el país para compartir experiencias. Además se llevaron a cabo talleres y se trabajó sobre la base de temáticas relacionadas con los derechos humanos, la sexualidad y la ciudadanía.

Por el Camino de la Constituyente

Ronald Céspedes, activista por los derechos humanos y director ejecutivo de la Asociación Civil Diversencia, fue nombrado vocero del Colectivo GLBT de Bolivia para la Asamblea Constituyente. Con una visión bastante clara, Céspedes afirma que hay muchos obstáculos para que la sociedad boliviana no acepte sus derechos. Entre ellos están, dice él,  la ignorancia, la pobreza, el machismo y hasta el neoliberalismo. Céspedes es un convencido de que están ante un desafío político, y de ahí su empeño de participar en la Constituyente; por ello, en 2005 empezaron a redactar su propuesta... ¿Y qué consiguieron?

El artículo 14, inciso II, de la nueva Constitución, donde dice: "El Estado prohíbe y sanciona toda forma de discriminación fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género, origen, cultura, nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición económica o social, tipo de ocupación, grado de instrucción, discapacidad, embarazo, u otras que tengan por objetivo o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos de toda persona". "Es importante haber logrado el reconocimiento explícito de que el Estado prohíbe y sanciona, entre muchas otras formas de discriminación, las basadas en la orientación sexual y la identidad de género de las personas. A partir de ese pequeño reconocimiento se puede comenzar a cuestionar el modelo estatal en todas sus esferas, sean éstas laborales, educativas, económicas, sociales, jurídicas u otras", explica Céspedes, que considera que hoy más que nunca se necesita consolidar un movimiento GLBT "con discursos bien planteados para exigir el cumplimiento de la norma escrita". Claro que para eso, acota el activista, "tendremos que autorreflexionar sobre la necesidad de articularnos desde nuestras diferentes comprensiones de la realidad boliviana, para exigir y recordar a los demás que tenemos la misma dignidad y que apostamos por el cambio en las estructuras excluyentes del modelo estatal. Por eso, particularmente, no estoy preocupado por el matrimonio gay, porque de nada sirve que la ley me firme un certificado, si las estructuras estatales vulneran mis derechos laborales, educativos, de acceso a la salud pública, la libertad de expresión... Pero bueno, hay mucho por hacer y dialogar", concluye Céspedes. Las voces también son unánimes; cada uno por separado, tanto  Rayza, Clara y Kitty, quieren que se les respete por lo que son: 'trans'... y punto.

Derechos  Conquistados    

- Los travestis consiguieron que se haga efectivo un procedimiento relacionado con el documento de identidad. Antes tenían que vestirse como las construcciones de género dictaminan en relación con el sexo biológico. Es decir, los travestis debían lucir como hombres para fotografiarse en el documento de identidad.

- El cambio de nombre, apellido y sexo en el certificado de nacimiento es posible para toda persona en la actual legislación boliviana. El cambio de nombre y apellido es viable comprobando el uso consuetudinario del mismo; se realiza un proceso ordinario y el juez dicta sentencia. Para todo caso de rectificación de nombre o apellido debe existir una fundamentación. El decir, por ejemplo, que uno utiliza un determinado nombre por mucho tiempo y es identificado con él en ámbitos sociales y profesionales, es una argumentación válida.

- En la actual legislación  hay un vacío jurídico enorme para las personas transexuales. Sin embargo, existen antecedentes jurídicos sobre el tema. Hace dos años, en Cochabamba se  inició un proceso judicial para una persona transexual adulta, donde la sentencia salió procedente. El juez le otorgó una nueva identidad; ahora es mujer. También está el caso de Gary, un 'trans' que pasó de mujer a hombre.

  - Se aprobó la Ley del Sida, un instrumento jurídico que contempla los derechos humanos y sexuales y las obligaciones. Hoy en día, los GLBT acceden de forma gratuita a los programas estatales de salud en el caso del VIH/sida y los ITS.

Fuentes: Pablo Vargas y Programa Nacional del VIH/sida

 

 

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